-¨Dime cuando vuelves para ver si quiero seguir esperando.¨
Era como si la música se apiadara de él, las notas le perforaban poco a poco los gastados tímpanos, a ver si ese dolor era más fuerte que el que sentía en sus pies. A ver si olvidaba.
La caminata fue larga, pero las ganas le alcanzaron justo para llegar a destino, el problema fue que en su punto objetivo ya no habían ganas para seguir avanzando y no le quedó otra que sentarse a esperar, la tentación de mirar atrás fue mucha, la tentación de volver por ella fue mucha más. Una y otra vez se decía a si mismo que la necesitaba, que su vida sin ella era tan miserable como la de un día sin colores, tan vacía, pero pese a todo, él sabía que era un egoísta más pisando esa tierra.
Juntó sus párpados y siguió dando pasos en su mente, uno por ti, dos por ti, tres por ti.....cien por ti... Y fue ahí, cuando ya iba por los ciento ochenta pasos por ella que se percató que ningún atisbo de su ser había luchado por él mismo. Comprendió que los colores son de todos y no de una sola persona, que la música ya no era el mismo placebo, pero que sí podría marcar un buen ritmo para seguir con sus pasos, se levantó, sacudió el cuerpo y sin preámbulos dio media vuelta, soltó un suspiro del que él mismo se sorprendió, como si con ese suspiro hubiese liberado la adrenalina que necesitaba para continuar.
Media vuelta y a seguir, que ella no correrá por ti.
Media vuelta y a seguir, que la canción va cambiando melodía y el paso se va acelerando cada vez más.
Media vuelta y a seguir, seguir, seguir... adelante y seguir.
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