Y cuando lo dijo sentí que la felicidad no podía ser más, por un momento pensé que lo había imaginado, que mis oídos me habían jugado una broma (una linda broma).
Y cuando lo leí...
cuando lo leí sentí que no estaba mal, que todo estaba más que bien. Que ya la sonrisa era de nuevo mi fiel compañera y la música de fondo me apoyaba, quería que fuera único, y claro...mis oídos no me habían engañado. Ahora mis ojos apoyaban y cada palabra que le seguía me entregaba más seguridad.
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