sábado, 10 de diciembre de 2011

Peces cianóticos en la orilla

Imposible tener el pensamiento vacío si tengo la mente 
llena de luces desenfocadas buscando destinos.

Que en el infinito de las palabras se desintegren y vayan a los cielos como pájaros siguiendo rumbos desconocidos.
Sin importar que el mundo gire y gire sin dar tregua a los enamorados de los sueños.

Mientras, que el mar sienta la amenaza.
La amenaza persistente de un par de locos intentando ser peces cuando el frío les cala los huesos y sus labios cianóticos buscan el roce y calor de unos labios carmín. 
Mas el arena ingrata les cierra las bocas sin piedad a sus sentimientos.

Los enamorados de los sueños marinos siempre se quedan en tierra, porque el mar sólo se deja observar y rozar, es intolerante al amor, lo congela, le quita lo rojo y lo vuelve azul, le quita el amor e inunda de razón las mentes aguadas, los ahoga para que no quieran regresar a sus olas, pero los deja vivos, para que en la orilla encuentren sus miradas como faros dormidos y quieran tener sus pies clavados, sus manos unidas y se atrapen con sonrisas deseosas entre la arena seca y segura, para que ahí aniden sus sonrisas cómplices de travesías azules.-

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