Escribiré una reflexión de lo que quiero ser más adelante, cuando termine mi carrera. La escribo aquí (sé que nadie lo leerá) porque quiero recordarlo, al menos habrá un registro como dicen.
Partió con las ganas de irme de aquí, cambiar de aire y ejercer mi profesión en donde quiero, en el ámbito rural. Mi destino programado a largo plazo era Serena o Santiago, más lo primero que lo segundo, por una cosa de aire, y de quererme ahí.
Entonces entre tantas clases intensivas de aquí para allá, de una prueba a otra, y la interculturalidad, y el Alma, y los procedimientos, las infusiones y el dolor. Pfff!. algo dijeron, no recuerdo de qué boca salió ni las palabras exactas que salieron, pero la cosa es que salió.
Cuento no tan corto... Algo de esas palabras se metió en mi y mi reflexión durante el camino a casa fue:
¿Cómo pretendo yo ser un agente de cambio yéndome a otro lugar, si no apoyo primero al lugar que me entregó-quitó tanto?. Ay no sé, se me revolvió todo.
Y es que yo estaba con las alas a medio abrir, con mi mirada fija en mi destino a largo-corto plazo. Pero cómo voy a dejar de apoyar aquí, si sé que es donde más necesitan, que a cualquiera de los dos lugares a los que quería (pero aún quiero) tienen mil manos más que las que tiene esta pseudociudad. Cómo me voy a ir si sé que aquí las personas no son atendidas como se merecen (no digo en en los otros lugares lo hagan, que no sé).
Y nació la cuestión. No puedo ser así de desagradecida o mejor dicho, no puedo taparme los ojos y decir: no es que aquí no hay futuro. Es que si que lo hay!, pero es que muchos se van y así van llevándose consigo el futuro (positivo) de la gente. Qué pasa si todos los profesionales que son formados aquí (a los que les gusta lo que hacen claro) se van, así, emigran con sus manitos, sus papeles, sus instrumentos en lindos maletines, se van, se van y no muchos vuelven?. Les diré lo que pasa; pasa que porque ellos (los buenos) se van, las cosas aquí no avanzan. Y siempre quedan los mismos, los estáticos.
Yo quiero ser agente de cambio, yo quiero ayudar, no con pastillas, con abrazos. Quiero ayudar a las personas que me han abierto la puerta de su hogar, me han ofrecido su cariño sin pedir algo a cambio. Quiero enseñarle a esos niños revoltosos que vivir es lindo. Quiero alimentar con mis propias manos a esas personas que llegan a las salas de atrás del hospital, los ¨casos sociales¨. (Que mal llamados son, pues ni la sociedad los cuida). Quiero comprender a los adolescentes que adolecen, que se tocan y no saben qué tocan. Quiero cuidar esas Almas cansadas de la polifarmacia. Quiero oír historias de Gentiles, de Almas perdidas que se buscan con campanas. Quiero lo mío.
Y si algunos de los buenos quieren cambios (en el sistema o en lo que sea), entonces no sean uno de los que se van a apenas salen de su carrera. Quédense un ratito, los destinos programados no se van a ir de donde están, allá tienen manos, tienen recursos, tienen y tienen. Aquí lo que falta es eso, y lo que sobra (más que en otros lados) es ayuda.-
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