Me debo unas palabras, muchas la verdad. Y no es por ego o algo parecido, sino porque me equivoqué muchas veces conmigo misma, y eso es algo que no hay que hacer ni como persona ni mucho menos como mujer.
Me debo las disculpas y las culpas, de todas esas veces en que me ¨miré en menos¨ creyendo que no merecía algo. Hoy sé que merecía más, merezco más. Y quizás es por darme cuenta de esto último que tuve que pasar por penas que tampoco merecía, tuve que enterarme de cosas que tampoco merecía que me ocultaran.
Me agradezco tanto, tanto, y más. Todas esas veces en que supe poner mente fría y tomar las decisiones que tomé. Gracias a eso aprendí que algo de cierto tienen las cosas que te dicen, y algo de mentira también.
Aprendí a que desde lejos también te pueden hacer daño, aunque quieras proteger lo que tanto amas, siempre puede haber alguien al que le emane la energía negativa en contra de uno, o bien intente interferir entre uno y otro.
Como mujer me debo una grande. Porque en los últimos meses me di cuenta de que eso del sexto sentido, eso de las percepciones, eso de las ¨tincadas¨, eso de las ¨corazonadas¨, todo eso y más... si existe, y quizás me di cuenta de una forma no tan buena, pero me sirvió.
Y así entre tanta cosa, me quiero más, me amo más, mi cuerpo, mi Alma más que a todo, mis ganas, mi piel, mi caminar (mis piernas), mis pasos, mi hablar, mi conocimiento, mi ignorancia, mis aciertos y errores, mis manos, mi olfato, mi mirada, mi pelo, mi arroma, mi sonrisa, mi SER.
Porque cada mujer hace algo de tal forma que sólo ella puede causar el mismo efecto, dejar una huella, un recuerdo.
<Como mujer me debo la grandiosa idea de darle utilidad a mis manos en días en los que mi mente y mi corazón están felices o no tan felices. Hoy puedo decir que soy capaz de conseguir algo material disfrutando desde lo espiritual, la gratificación de hacer algo con cariño, materializar el descanso en un objeto, y que otro lo adquiera por gusto y lo destaque. Que rico se siente.>

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