Muchas veces pienso en que al Norte le hace falta lluvia. De esa lluvia tenue, que limpia al Alma, que toca la piel, suelta la pena y se lleva lentamente las tristezas.
Sí, al Norte le falta que llore el Cielo. No de una manera desconsolada, sino que de esos llantos necesarios que hay que dar a luz de vez en cuando, porque liberan, porque ayudan a sanar.-
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